Actitudes

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DESARRAIGO

Había noches en que me preguntaba si tenía algún sentido esta búsqueda y por qué me había metido en ella.  ¿Era una ingenuidad mía?  Había tardado muy poco, incluso antes quizá de llegar a la época de la adolescencia, en tener la sensación de que yo no venía de nada.  Me acordaba del folleto que un individuo con gabardina gris y sotabarba repartía una tarde lluviosa en el Barrio Latino.  Se trataba de un cuestionario para una encuesta sobre la juventud.  Las preguntas me parecieron raras.  ¿Cuál ha sido su estructura familiar?  Contesté: ninguna. ¿Conserva una imagen clara de sus padres? Contesté: nebulosa.  ¿Se considera un buen hijo (o buena hija)?  Nunca he sido hijo.  Con su elección de estudios ¿intenta conservar la consideración de sus padres y adecuarse a su entorno social?  Ni estudios.  Ni padres.  Ni entorno social. ¿Prefiere hacer la revolución o contemplar un paisaje hermoso? Contemplar un paisaje hermoso.  ¿Qué prefiere, la hondura del atormentado o la liviandad del dichoso? La liviandad del dichoso. ¿Quiere cambiar la vida o recuperar una armonía perdida?  Recuperar una armonía perdida.  Esas dos palabras me hacían soñar, pero ¿en qué podía consistir una armonía perdida?  En aquella habitación del Hotel Fremiet me preguntaba si no estaría intentando descubrir, pese a la inexistencia de mis orígenes y el desorden de mi infancia, un punto fijo, algo tranquilizador, un paisaje, precisamente, que me ayudase a volver a hacer pie.  A lo mejor había una parte de mi vida de la que no estaba enterado, un fondo sólido debajo de las arenas movedizas.

P. MODIANO.  Accidente nocturno. Barcelona: Anagrama, 2014.

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LIBERTAD INTERNA

Nunca podrás, dolor, acorralarme.

Podrás alzar mis ojos hacia el llanto,

secar mi lengua, amordazar mi canto,

sajar mi corazón y desguazarme.

 

Podrás entre tus rejas encerrarme,

destruir los castillos que levanto,

ungir todas mis horas con tu espanto.

Pero nunca podrás acobardarme.

 

Puedo amar en el potro de tortura.

Puedo reír cosido por tus lanzas.

Puedo ver en la oscura noche oscura.

Llego, dolor, a donde tú no alcanzas.

Yo decido mi sangre y su espesura.

Yo soy el dueño de mis esperanzas.

 

(José Luis Martín Descalzo, 1930-1991).


ESTOICISMO

LOS ANDALUCES

Decían: “Ojú, qué frío”;

no “qué espantoso, tremendo,

injusto, inhumano frío”.

Resignadamente: “Ojú,

qué frío…” Los andaluces…

 

En dónde habrían dejado

sus jacas, en dónde habrían

dejado su sol, su vino,

sus olivos, sus salinas.

En dónde habrían dejado

su odio… Parecían hechos

de indiferencia, pobreza,

latigazo… “Ojú, qué frío.”

Tiritaban bajo ropas

delgadas, telas tejidas

para cantar y morir

siempre al sol. Y las llevaban

para callar y vivir

al frío de Ocaña y Burgos,

al viento helado del mar

del Dueso… Los andaluces…

(…)

Cuántos años hace de esto.

O cuántos faltan para esto

que hace un momento viví

por los caminos… –ojú,

qué frío– de Andalucía.

(José Hierro, 1922-2002)

 

 

SOLIDARIDAD

MASA

Al fin de la batalla,

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre

y le dijo: “No mueras, te amo tanto!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 

Se le acercaron dos y repitiéronle:

“¡No nos dejes! ¿Valor!

¿Vuelve a la vida!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,

clamando: “Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 

Le rodearon millones de individuos,

con un ruego común: “¡Quédate hermano!”

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

 

Entonces, todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar…

(César Vallejo, 1892-1938)

 

FIDELIDAD

GUSANO DE SEDA

Pesa poco,

apenas 45 kilos,

liviana como el gusano de seda

que extrae de su escaso cuerpo

un kilómetro de hilo.

Hilandera de sí misma

Penélope ovilla

desde hace 20 años

una hebra sin fin,

su desmesurado amor por Odiseo.

(Nuria Barrios, 1962…)

 


CANSANCIO EXISTENCIAL

 CANSERA

¿Pa qué quiés que vaya? Pa ver cuatro espigas
arroyás y pegás a la tierra;
pa ver los sarmientos rüines y mustios
y esnüas las cepas,
sin un grano d’uva,
ni tampoco siquiá sombra de ella…
Pa ver el barranco,
Pa ver la laera,
Sin una matuja… ¡pa ver que se embisten,
de pelás, las peñas!…
Anda tú, si quieres,
que á mí no me quea
ni un soplo d’aliento,
ni una onza de juerza,
ni ganas de verme,
ni de que me mienten siquiá la cosecha…..
Anda tú, si quieres, que yo pué que nunca
pise más la senda,
ni pué que la pase, si no es que entre cuatro,
ya muerto, me llevan…..
Anda tú, si quieres…..
No he d’ir, por mi gusto, si en crus me lo ruegas,
por esa sendica por ande se jueron,
pa no golver nunca, tantas cosas güenas…
esperanzas, quereres, suores…
¡tó se jue por ella!
Por esa sendica se marchó aquel hijo
que murió en la guerra…..
Por esa sendica se jué la alegría…
¡por esa sendica vinieron las penas!…
No te canses, que no me remuevo;
anda tú, si quieres, y éjame que duerma,
¡a ver si es pa siempre!… ¡Si no me espertara!…
¡Tengo una cansera!…

(Vicente Medina, 1866-1937)

 

ACTITUD ESPERANZADA

TODO ESTÁ PERDONADO (Fragmento)

Así es la esperanza, como una cucaracha.  La pisas y parece muerta, pero en cuanto le das la espalda empieza a mover otra vez las patas.  La espachurras hasta que se deshace y, en cuanto vuelves con un papel para recoger los restos, la encuentras correteando por el pasillo.  Le echas insecticida y se contrae hasta que cierras el bote de spray: entonces se pone a trepar por la pared.

 

Nunca te libras de la esperanza, tiene el caparazón demasiado resistente, se alimenta de cualquier cosa, se adapta a todos los medios, sabe defenderse de la agresión a la realidad o, al menos, ponerse a cubierto hasta que escampe.

 

En cuanto la casa se quede a oscuras, volverá.  Si cierras los ojos, aparecerá en silencio a tus pies.  Si te tumbas en la cama tapado hasta las cejas, se arrastrará bajo el colchón.

(Rafael Reig, 1967…)

 

 

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