Interacción

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SALIRSE POR LA TANGENTE

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

(Félix Lope de Vega, 1562-1635)

 

TIMIDEZ

Anda, amor, anda;

anda, amor.

 

La que bien quiero

-anda, amor-

de la mano me la llevo

-y anda, amor-;

¿y por qué no me la beso

-anda amor-?

Porque soy mochacho y necio

-y anda amor-.

 (Anónimo, siglo XVI)

 

BURLA

SONETO

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.

(Francisco de Quevedo, 1580-1645)

 

RESPETO

VIENE Y SE VA

Viene y se va, caliente de oleaje,

arrastrando su gracia por mi arena.

Viene y se va, dejándome la pena

que, por no venir solo, aquí me traje.

 

Viene y se va, para tan breve viaje

talé el jazmín, segué la yerbabuena.

Ya no sé si me salva o me condena:

sé que se va y se lleva mi paisaje.

 

Sé que se va y me quedo frente al muro

de la lamentación y del olvido,

oscuro el sol y el corazón oscuro.

 

Viene y se va.  Yo nunca lo despido.

Al oído del alma le murmuro:

“Gracias, bien mío, por haber venido”.

(Antonio Gala, 1930…)

 

REPROCHE

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

(Gutierre de Cetina, 1520-1557)

 

SECRETO

 XXI

Otros tendrán un nombre que llevarse a la boca.

Un nombre –Rosa, Soledad, María-

para que les florezcan las nostalgias

de las horas sin besos.

 

Tendrán un nombre y lo darán al aire

como bandera o torre en vertical dulzura,

y llamarán con él en cada puerta,

y aturdirán con él a los relojes.

 

Pero yo necesito muchas lágrimas,

muchos golpes de sangre,

mucho dolor y mucha percalina

de este loco

martes de carnaval por donde voy,

para esconder entre silencios duros

este grito de espanto que es tu nombre.

Este grito en las sombras de mi pecho

que me relumbra igual que una custodia.

(Julio Mariscal Montes, 1925-1977)

 

RECONOCIMIENTO

A UNA PROFESORA DE HISTORIA

Aprendí

la interminable lista

de reyes godos y el mundo

no fue mío

ni tu historia

violeta como tus ojeras de doncella

 

si acaso

en las cálidas tardes con principiante trompeta

como fondo melódico

tu mano de profesora culta

dividió mi mundo proletario

saber o no saber

 

la cuestión era aceptar

un blanco destino de burócrata

o emigrar al mundo

de los que nada habían perdido

nunca, ni tan siquiera cuando

cruzó el estrecho el último rey godo

 

fabulosas sus historias de hijos

buenos, redentores de su madre

lavandera, cajeros de Banco, aspirantes

a directores de Banco, asépticos

buenos, higiénicos, sin remordimientos

 

inútil historia la de mi clase,

por ti y por mi desconocida entonces

cuando eras una princesa omnipotente

 

y yo tu juglar de versos vergonzosos

ni siquiera

conocedor de tu sexo, ni tu tiempo

 

pasaron años rápidos como tardes,

aprendí tu lista y tu frontera, tu nombre

tu nostalgia y cuando acaso

tenía respuesta para tus palabras

incluso a tu bella patraña de hijos-godos-

reyes-buenos

ya era tarde

 

y te enterraron ignorante de mi sabiduría

que tú empezaste y nadie concluirá,

de mi amor de juglar

princesa de una Historia

nada dialéctica, por la que tu pasaste

como pasa un rey bueno, con majestad.

 

(Manuel Vázquez Montalbán, 1939-2003).

 

 NINGUNEO

 ME LEVANTÉ SIN QUE SE DIERAN CUENTA

            La fatiga é sedersi senza farsi notare.

Cesare Pavese: Il vino triste.

 

 

Me levanté sin que se dieran cuenta

y salí sin hacerme notar.

Había estado todo el día

entre ellos, intentando

hacerme oir,

procurando decirles

lo que me habían encargado.

 

Pero el recado que me dieron

no era preciso.  El humo,

la música, el ruido de las risas

y de los besos –estallaban

como las rosas en el aire-,

eran más fuertes que mi voz.  Cansada

de mi trabajo inútil,

me levanté,

abrí la puerta

y salí del hermoso lugar.

Desde la calle

miré por la ventana: nadie había

advertido mi ausencia.

Caminé.  Volví el rostro:

ninguno me seguía.

(Julia Uceda, 1925…)

 

EXIGENCIA

LOS ENEMIGOS  

Ellos aquí trajeron los fusiles repletos
de pólvora, ellos mandaron el acerbo
exterminio,
ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.
Entonces, en el sitio
donde cayeron los asesinados,
bajaron las banderas a empaparse de sangre
para alzarse de nuevo frente a los asesinos.

Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.

Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.

Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.

Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.

Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.

Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.

No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.
No los quiero de embajadores,
tampoco en su casa tranquilos,
los quiero ver aquí juzgados
en esta plaza, en este sitio.

Quiero castigo.

(Pablo Neruda, 1904-1973)

 

COTILLEO

LA HERENCIA DE WILT (Fragmento)

  Siéntese –dijo la señora Bale-.  Aquí los mejores sitios para conversar son los rincones; si no, hay que gritar.  Dudo que haya estado usted en un sitio más extraño que éste.  Me refiero a la casa en general.

Wilt le dio la razón: era la casa más rara que había visto jamás.

–  Creo que debería advertirle que Sir George también es un bicho raro –continuó la señora Bale ofreciéndole una taza de té a Wilt-.  Se apellidaba Smith o algo por el estilo.   Según me contó mi difunto esposo, ni era un verdadero Gadsley, ni tenía título de Sir.  Por lo visto, el linaje se extinguió cuando el anciano Sir Gadsley, es decir, el verdadero Sir Gadsley, murió de paperas.  Su hermana se había casado con un tal señor Smith y su hijo mayor heredó Sandystones y la finca.  Dicen que él no tiene derecho al título, aunque yo prefiero reservarme mi opinión.  De hecho, hay quien dice que el anciano Sir Aubrey, el último Gadsley verdadero, ni siquiera tuvo paperas. –Hizo una pausa para tomar aliento-.  A mí no me gustan los cotilleos, pero he oído decir que era un poco…,  ya sabe…, rarito.

-¿Rarito? – preguntó Wilt, que no tenía ni idea de a qué se refería aquella mujer.

– Sí, rarito.  Ya me entiende, de la acera de enfrente.  Bueno a mí no me gustan los cotilleos, pero lo que resulta de todo esto es que Lady Clarissa no tiene nada de Lady, no sé si me explico.

(Tom Sharpe, 1928-2013, La herencia de Wilt)

 

 

 

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