Personalidad

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NARCISISMO

OCTUBRE

Estaba echado yo en la tierra, enfrente

el infinito campo de Castilla,

que el otoño envolvía en la amarilla

dulzura de su claro sol poniente.

 

Lento, el arado, paralelamente

abría el haza oscura, y la sencilla

mano abierta dejaba la semilla

en su entraña partida honradamente

 

Pensé en arrancarme el corazón y echarlo,

pleno de su sentir alto y profundo,

el ancho surco del terruño tierno,

a ver si con partirlo y con sembrarlo,

 

la primavera le mostraba al mundo

el árbol puro del amor eterno.

(Juan Ramón Jiménez,  1881-1958)

 

PERSONALIDAD INDEPENDIENTE

CANTIGA

Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

Mas quiero vivir segura
nesta sierra a mi soltura,
que no estar en ventura
si casaré bien o no.

Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

Madre, no seré casada
por no ver vida cansada,
o quizá mal empleada
la gracia que Dios me dio.

Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

No será ni es nacido
tal para ser mi marido;
y pues que tengo sabido
que la flor yo me la só.

Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

(Gil Vicente, 1465-1536?)

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ESQUIZOIDISMO

EL VÍNCULO (Fragmento)

Lo cierto es que al verlo entrar de nuevo en el salón, al advertirlo allá lejos con su palidez incomunicable, espectralmente solitario entre sus propios huéspedes, delgado y refinado hasta la inhumanidad, todo en él le pareció de pronto coincidir extrañamente con una circunstancia de ultratumba.  Su modo mismo de expresarse, aquel nefastamente lógico paralelismo entre sus razones y las de él, aquella imposibilidad de coincidencia, encuentro o tragedia de su palabra con la de los otros, a Pinas se le presentó de golpe en la acepción más brutal, en su significado extrañísimo.  Esta vez él mismo se sintió inhibido; clavado en el sitio donde estaba, lo vio desde lejos moverse en el otro extremo del salón, acercarse a unos y otros con su solicitud insuperable, intachable, intrastornable.

 

Pinas rememoró con rapidez fulgurante la conversación de la noche anterior con Gerardo, la aislamiento en que encajonaba a cada paso, su aire incalculablemente abstraído, que recurría sin pausa para progresar a los resortes de una misma, estable monotonía.

(Eduardo Mallea, 1903-1982)

 

 

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