La Psicoterapia y los padres

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Xavier Sort Bou, Psicoterapeuta y Profesor del Master en Psicoterapia Integradora Humanista

Este post da una explicación de porqué a menudo, en el proceso de una psicoterapia, se cita a los padres y se hace una revisión de su personalidad y de la relación del paciente con ellos. La socialización de los niños implica una educación a través de normas y prohibiciones; algunas veces, éstas son demasiado rígidas o bien son interpretadas de manera errónea por el infante, dando algún tipo de malestar psicológico a esta persona.

Muchas veces se asocia el trabajo psicoterapéutico con una revisión de la relación con los padres y la infancia. Una de las razones por las que suele ser así, es por lo que llamamos introyección. 


Parafraseando a Ana Gimeno-Bayón, la introyección como mecanismo psicológico sano es la base de la cultura. Es la confianza en las enseñanzas que se nos transmiten. 


Los padres o las figuras de autoridad en la infancia son introyectados en nombre de la socialización, de la educación, de la adaptación al entorno. Cuando hablamos de la introyección como mecanismo de defensa patológico, nos referimos a la incorporación sin modificación de mensajes (actitudes, pensamientos, modos de hacer) que la persona ha recibido de forma rígida, y que a la larga son desadaptativos o patológicos, puesto que limitan o prohíben conductas sanas, u obligan a conductas de forma demasiado rígida. En estas circunstancias, la introyección se trabajará en psicoterapia para poder rebajar la tensión que hay hacia estas prohibiciones u obligaciones excesivamente rígidas y que limitan una conducta más adaptada al momento presente que vive la persona.


Algunas veces este trabajo toma la forma de "diálogo con los padres del pasado", aquellos padres que hace 10 ó 30 años que hablaban a la persona en ese sentido. El símbolo con el que trabajamos es el de actualizar los padres de nuestra psique, de nuestro inconsciente, para ofrecernos el "permiso" para ser tal como somos, para poder flexibilizar nuestro comportamiento, siempre que sea beneficioso para nosotros y para los demás y al mismo tiempo no sea perjudicial para nadie.

Un ejemplo de introyecto es “Sé perfecto/a”. Cuando este tipo de introyecto invade el mundo psicológico de una persona, su conducta se ve afectada por esta “obligación”, con el efecto de no permitirse hacer las cosas con una exigencia menor, aceptar errores o resultados medios, sentirse relajado en ocasiones, etc. Así, y resumiendo mucho, la psicoterapia podría “traer a los padres” y preguntarles o debatir si hace falta que su hijo o hija sea tan perfecto/a para ser amado/a y respetado/a.

Gracias a estas explicaciones podemos entender que el malestar psicológico no es debido a alguna tara personal o porque sea nuestro destino, sino que, en parte, se debe al trato recibido en la infancia y que tiene posibilidad de ser tratado y sanado.


Al fin y al cabo, una de las metas de la psicoterapia es convertirnos en unos padres más justos y respetuosos para nosotros mismos. 

Xavier Sort Bou
Psicoterapeuta y Profesor del
Master en Psicoterapia Integradora Humanista

 

Sobre nosotros

Conocido popularmente como Instituto Erich Fromm, es un centro fundado en 1979, con años de experiencia en el campo de la psicoterapia, la formación y la investigación en Psicología y Psicoterapias Humanistas.

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